La cresta de los quince Gendarmes fue bautizada con este sugerente nomb

re por Jean Arlaud, magnífico pirineísta de principios del siglo XX. Ahora, junto con
Pekas, nos disponemos a recorrer este lomo, recorrer cada gendarme, disfrutar con su granito en el que hay que ir con cuidado, pues se encuentra algo roto. A

l fin y al cabo, estamos en alta montaña.
La aproximación hasta el ibonet de Cregüeña(foto), punto en el que reposaremos en
un magnífico vivac natural, es salvaje y empinada. La tarde, algo nubosa, nos regala su luz(foto) mientras charlamos amistosamente.

El vivac(foto) es perfecto para 2/3 personas, y tras aislar una de las ventanas naturales con grandes losas, cenamos a la luz de las estrellas, apagando los frontales para disfrutar del espéctaculo nocturno. Son noches de San Lorenzo y algún destello en el cielo nos recuerda este hecho. Disfrutamos la tranquilidad del lugar, ni un alma nos rodea. Arriba, en la cresta, un extraño bulto nos hace debatir. ¿Es un animal? ¿Es un pájaro? ¿Es supercoco?
Por la mañ

ana, el día no es todo lo apacible que desearíamos. Algo de viento, nubes oscuras... pero decidimos desayunar y subir, parece que la nubosidad puede ceder con la salida del sol. ¿Aquel animal? Sigue ahí!!! Pekas insiste en que vio como no estaba mientras subíamos. Nos acercamos a por agua y solución!! es el punto de vista el que no deja ver un pequeño pino, q

ue es lo que realmente era! :-)
Pronto, estamos en la brecha del Alba(foto), donde el viento se cuela con fuerza, pero parece que el día es aceptable. En cualquier caso, podemos abandonar en una brecha algo más arriba.
Una vez "disfrazados", iniciamos la escalada sin escaquear el primer gendarme por la izquierda, algo que es posible. Esta parte se realiza bien sin cuerda, si bien es bastante corta. Aparece un muro vertical donde ya hay que progresar encordados.

Superado éste, una expuesta travesía a la izquierda me recuerda las sensaciones de las crestas, del patio, del vacio bajo tu cuerpo.
Nuestros pies y

manos van calentándose, van adaptándose al mundo vertical.
Avanzamos en ensamble, disfrutando, sufriendo el viento. A lo lejos , el pico Alba nos llama, mostrando multitud de gendarmes entre donde nos encontramos y su cima. Avanzamos, destrepamos, escalamos. El patio es considerable y las vistas,
espectaculares. Los gendarmes van quedando atrás, nuestro pecho se llena un poco más de oxígeno a cada paso y nuestros músculos nos recuerdan que extrememos las precauciones.
Llegamos al largo clave, IV+, una preciosa chimenea(foto), continuada por unas placas que nos dan acceso
a la cima de la Gran Torre. A partir de allí, la cresta va decreciendo en dificultad, hasta encontrarse con canales descompuestas pero sencillas. Del gendarme del Alba pasamos a la cima de Alba, tras un intenso día, largo día, reconfortante día. Atrás, queda la cresta (foto) y nuestras sensaciones mientras la recorríamos .

Queda el largo camino de bajada. Hemos disfrutado de la soledad en toda la jornada, y no será menos ahora.
No podemos felicitarnos en la cima, la actividad acaba abajo. Decidimos rodear el pico, bajando por la normal, arista N y buscando la espalda de la arista NE. Alcanzamos el collado inferior de Alba, saliendo un poco a su derecha a un caos de bloques, placas... alta montaña en estado puro. Cansados, felices, regresamos al ibonet de Cregüeña, nuestro CB, para una vez puesto el piloto autómatico, descender hasta el puente de Cregüeña. El descenso nos regala luces de atardecer, otro atardecer, bendito regalo. Cansados, llegamos a nuestro punto de partida, en el que disfrutamos una larga noche, no necesitamos soñar, ya hemos soñado despiertos.
El día siguiente lo tomamos de descanso y descubro que algunos que se hacen llamar vegetarianos... umm.. una imagen vale más que 1000 palabras!!